"El Señor es mi pastor"

Román Bilbao

Cuarto domingo de Pascua

I.- En el cuarto evangelio nos encontramos con una frase rotunda: “A Dios nadie le ha visto”. Por lo tanto, las personas humanas cuando queremos hablar de Dios sólo lo podemos hacerlo señalando lo que no es o usando imágenes. En la Biblia lo más normal suele ser echar mano a las imágenes: ROCA, FORTALEZA, PADRE, MADRE... Dentro de las imágenes que aparecen en el Antiguo Testamento hay una que desempeñará un papel muy importante: la de “pastor”.

 

La imagen del pastor no brotó en un centro de estudios sino en la experiencia que tuvo el pueblo de Israel de haber sentido a Dios como un pastor vigilante, en guardia, atento y previsor que les acompañó en el paso de la esclavitud de Egipto a la tierra prometida en medio de los peligros que entrañaba el desierto (animales salvajes, inclemencias climatológicas, atracos,...) Años más tarde, un poeta compuso el salmo 22: “El Señor es mi Pastor nada me puede faltar”.

 

II.- Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre y quiso manifestar a sus discípulos quién era y cuál iba a ser su tarea en este mundo también usó imágenes y, entre ellas, no faltó la imagen del pastor que, para los primeros cristianos, fue la preferida. Ya en las catacumbas de Roma se le representaba a Jesús cargado sobre sus hombros a una oveja. Lo que hoy es para nosotros el crucifijo fue para los cristianos de la primera época la imagen del Buen Pastor.

 

III.- ¿Qué nos puede revelar y manifestar a nosotros cristianos y cristianas del año 2021 la imagen del pastor aplicada a Jesús? A continuación os van algunas observaciones:

 

1. Que él está cerca, nos quiere, nos acompaña, se preocupa de nosotros y podemos acudir a él cuando nos sentimos cansados o desorientados. Jesús no es un asalariado, con Él siempre podemos contar: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

 

2. Que su amor y cercanía no es impersonal, sino muy personal. “Yo conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí”. Los padres que tienen varios hijos suelen decir que aman a todos pero no de igual manera, sino a cada uno de ellos teniendo en cuenta su carácter, su personalidad, sus virtudes y defectos. Así es el amor de Jesús.

 

3. Que sus seguidores no andamos solos y desamparados en nuestra vida cotidiana en la que se decide nuestra calidad humana y se configura nuestra manera de pensar y de creer.

 

4. La imagen del Buen Pastor no sólo nos revela aspectos de lo que Jesús es para nosotros, también nos manifiesta algunas claves para nuestra vida cristiana ya que nos recuerda a todos los bautizados, que hay “otras ovejos que no son de este redil; también a esas las tengo que traer y escucharan mi voz” y, para esa tarea, cuenta con nosotros.

 

IV.- En medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, comunicados de todo género, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús nuestro Pastor. Pero no basta escuchar a Jesús, también debemos seguirle interiorizando las actitudes fundamentales que él vivió, dando importancia a lo que él dio, acercándonos a los pobres y enfermos como él se acercó, confiando en el Padre como él confió y enfrentándonos a la vida y la muerte con la esperanza él se enfrentó…

 

 

Para orar y meditar

 

El Señor es mi Pastor, nada me falta.

 

Conoce mis proyectos e ilusiones,

 

me guía por caminos de justicia,

 

me enseña los tesoros de la vida.

 

Aunque pase por momentos duros y difíciles

 

no me agobio ni pierdo la paz,

 

pues Él está junto a mí

 

protegiéndome de trampas y enemigos.

 

Su compañía me da confianza.

 

Cada día, con gracia renovada,

 

pronuncia mi nombre con ternura

 

y me llama junto a Él.

 

Cada mañana me unge con perfume;

 

y me permite brindar, cada anochecer,

 

con la copa rebosante de paz.

 

El Señor es mi pastor

 

nada temo a los profetas de calamidades,

 

ni a la tiranía de los poderosos,

 

al susurro de los mediocres,

 

¡porque Tú vas conmigo!

 

Has preparado un banquete de amor fraterno

 

para celebrar mi caminar por el mundo.

 

En él me revelas quiénes son tus preferidos

 

y cuáles han de ser mis sendas de futuro.