Entrevista al Card. Hummes sobre el Sínodo panamazónico

Principal objetivo

Qué es la Panamazonia

Impacto del Sínodo en launidad

       de la Iglesia

Escuchar

Qué piensa el Papa

¿Lo de siempre o novedad?

Resistencias al Sínodo

Por qué se producen

Necesidad de diálogo y encuentro

Qué es ser profético

Modo de situarse la Iglesia ante

       los indígenas

Pasos hacia una Iglesia indígena

Tipo de ministerio necesario

Ecología integral

Amenaza del paradigma

       tecnocrático

La Biblia

Teología de la ecología integral

Principal objetivo

 «identificar nuevos caminos para la evangelización de esa porción del Pueblo de Dios, especialmente de los indígenas, a menudo olvidados y sin la perspectiva de un futuro sereno, también a causa de la crisis de la selva amazónica, pulmón de vital importancia para nuestro planeta»…

 

Qué es la Panamazonia

Una región integrada por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam, Guyana y la Guayana Francesa.

Dicha región es una fuente importante de oxígeno para toda la Tierra, puesto que allí se encuentra más de un tercio de las reservas forestales primarias del mundo. Es una de las mayores áreas de biodiversidad del planeta.

 

Sobre el ipmacto del sínodo en la unidad de la Iglesia]

Pero debe entenderse como una unidad que acoge la diversidad según el modelo de la Santísima Trinidad. Es decir, igualmente necesario es acentuar que la unidad no puede nunca destruir la diversidad… La diversidad es la riqueza de la unidad, la preserva de ser una uniformidad y un justificativo para el control.

Inicialmente el cristianismo encontró un lugar de inculturación en la cultura europea, y fue un proceso muy exitoso, que dura hasta hoy. Pero no basta esa única inculturación. Dice el papa: una cultura sola no puede agotar la riqueza del Evangelio. La Iglesia no quiere dominar sobre las otras culturas, por más que respete esa inculturación inicial europea.

 

Debemos respetar la diversidad de las culturas. Eso va a enriquecer a la Iglesia, y no a amenazarla. La diversidad no amenaza la unidad de la Iglesia, sino que fortalece su verdadera unidad. Es muy importante no tener miedo de estas cosas. Así pues, si hablamos y conseguimos encontrar nuevos caminos para la Iglesia en la Amazonía, eso va a redundar en beneficio de toda la Iglesia, pero siempre a partir de la reflexión específica sobre la Amazonía.

 

Lo primero necesario: escuchar

… Para «ver» de verdad es preciso escuchar…  Para nosotros es preciso escuchar en primer lugar a los propios pueblos de la Amazonía. Hay que escuchar la realidad, escuchar los gritos…

 

¿Qué piensa el Papa?

… que no debe convertirse en la ocasión para hablar de todas las cosas… El papa Francisco fue muy claro en este punto: no perder el foco, que es la Amazonía. «Nuevos caminos para la Iglesia», significa nuevos caminos para la Iglesia en la Amazonía y nuevos caminos para una ecología integral en la Amazonía. Este tema delimita el objetivo del Sínodo.

 

¿Repetir lo de siempre o algo nuevo?

Ciertamente no estaremos en el Sínodo para repetir cosas que ya fueron dichas, no importa si son importantes, bonitas y desde una buena teología; no. Estaremos allí para procurar nuevos caminos. Necesitamos mucho nuevos caminos, no tener miedo a lo nuevo, no defendernos contra ello, no resistir a la novedad. Debemos cuidarnos de no traer lo antiguo como si fuese más importante que lo nuevo. Lo antiguo debe conjugarse con lo nuevo, la novedad debe reforzar y alentar el camino. Esta palabra del papa es muy fuerte: debemos caminar y no resistirnos a avanzar e ir hacia adelante.

 

Debemos confiar en el Espíritu que nos lleva hacia adelante, dice el papa. Desde el inicio de su pontificado él exhorta y alienta a la Iglesia a levantarse y no quedarse muy acomodada y demasiado segura de su teología, de su visión de las cosas, defendiéndose del mundo. El pasado no está petrificado, debe formar siempre parte de la historia, de una tradición que sigue hacia adelante. Cada generación debe seguir avanzando para contribuir a la riqueza de esa gran tradición. ¿Lo lograremos? Nos confiaremos al trabajo del Espíritu.

 

¿Resistencias al Sínodo?

Está suscitando resistencias y también malos entendidos. Algunos se sienten de alguna forma amenazados, porque no se sienten considerados en sus proyectos y en sus ideologías. Diría, sobre todo, los proyectos de colonización de la Amazonía que continúan fuertemente con ese espíritu dominador y depredador: llegar para explotar y salir después con las maletas llenas, dejando atrás la degradación y la pobreza del pueblo local, que ahora está más pobre y con su territorio devastado y contaminado.

 

La industria, la agricultura y muchas otras formas de producción afirman cada vez más que su actividad es «sustentable». ¿Pero qué significa realmente «ser sustentable»? Significa que todo lo que extraemos de la tierra o devolvemos a la tierra como residuos no impide que la tierra se regenere y continúe siendo fértil y saludable.

Es muy importante reconocer esas resistencias sea en la Iglesia, sea fuera de ella, por ejemplo, en Gobiernos, empresas y en otras partes. Debemos reconocer cómo nos comportamos frente a estas resistencias, saber qué hacer.

 

¿Por qué esas resistencias? ¿Qué las produce?

Los intereses económicos y el paradigma tecnocrático repelen toda tentativa de cambio y están dispuestos a imponerse por la fuerza, violando derechos fundamentales de las poblaciones en el territorio y normas para la sustentabilidad y preservación de la Amazonía. Pero nosotros no debemos rendirnos. Será necesario indignarse. No una indignación violenta, pero sí firme y profética.

 

¿Será posible un diálogo, un encuentro?

No podemos caer en una especie de ingenuidad al pensar que todo el mundo está dispuesto a dialogar. No es verdad. Hay mucha gente que no está dispuesta a dialogar. Primero hay que indignarse, profetizar, pero, después, ciertamente hay que intentar negociar, llegar a un acuerdo, y así, tal vez, conseguir que la otra parte se disponga a dialogar. Jesús ya hablaba de negociar en tales situaciones (Lc 14, 28). La Iglesia en la Amazonía sabe que debe ser profética, no acomodada, porque la situación es por demás clamorosa y hay una situación de constante y persistente violación de derechos humanos y degradación de la casa común. Y, lo que es aún peor, tales crímenes generalmente quedan impunes.

La Iglesia debe ser profética. En América Latina hemos vivido mucho esto después del Concilio Vaticano II, de Medellín y de las otras grandes conferencias del episcopado latinoamericano. Ese profetismo ha crecido, pero también se ha ido aclarando.

 

¿Qué quiere decir ser profético?

No es solo gritar, denunciar y apuntar… Quizás podríamos enriquecer este espíritu de denuncia y diálogo con un poco más de ternura. …

 

¿Y la cuestión del modo en que debe situarse la Iglesia hacia los indígenas?

Tenemos que distinguir entre Iglesia «indigenista» e Iglesia «indígena»… Hemos buscado ser una Iglesia indigenista, que considera a los indígenas como objeto de pastoral, pero no todavía como protagonistas de la propia experiencia de fe. Pero esto no basta. Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia indígena.

………

 

¿Cuál es el paso que hay que dar hacia una Iglesia indígena?

… Desde dentro de su cultura, identidad, historia y espiritualidad puede nacer una Iglesia indígena con sus propios pastores y ministros ordenados, siempre unida en total comunión con la Iglesia católica universal, pero inculturada en las culturas indígenas.

…  Estos pueblos milenarios vienen desde otra raíz que no es la europea, desde otra vertiente histórica, como los africanos, los pueblos de la India, los chinos. Entonces, dentro de su historia, de su identidad, de su espiritualidad, desde su relación con la trascendencia, debemos generar una Iglesia con rostro indígena.

 

¿Qué tipo de ministerio es necesario para esta realidad

Muchas veces existe la preocupación de trasplantar los modelos de los sacerdotes europeos a los eventuales sacerdotes indígenas. Pero alguien alertaba, con razón, de que hay demasiada preocupación y prioridad acerca del perfil del ministro ordenado más que de la comunidad que debe recibir al ministro. Al contrario, la comunidad no es para su ministro, sino el ministro para su comunidad. El ministro debe ser adecuado a las necesidades de la comunidad.

 

Es esta necesidad de la comunidad la que debe movernos a pensar, tal vez, en ministerios diferenciados, porque la comunidad allí necesita una presencia adecuada. No queramos defender una especie de figura histórica de cómo debe ser un ministro, sin posibles variaciones, de modo que las comunidades deban aceptarlo así tal cual porque nosotros lo enviamos así.

 

Sí, los ministros son enviados, pero tenemos que saber enviar de tal forma de respetar la comunidad concreta, que tiene necesidades propias y específicas. También los ministerios deben pensarse a partir de la comunidad, de su cultura, de su historia, y de sus necesidades. Todo eso significa la apertura.

 

Esta Iglesia indígena no se hace por decreto. El Sínodo tiene que abrir el camino para que eso sea posible y se pueda provocar un proceso que tenga suficiente libertad y que reconozca la dignidad que tiene todo cristiano y todo hijo de Dios. Esa es la grandeza de este Sínodo. El papa sabe cuán histórico puede ser este Sínodo para toda la Iglesia. Pero debemos caminar en esa dirección y cuidarnos de no reproducir una cosa que ya existe.

 

En la encíclica «Laudato si’» el papa señala claramente que la situación de crisis planetaria actual es innegable e incorpora esto en el tema propio del Sínodo mediante el llamamiento a una «ecología integral». ¿Cómo caminar eclesialmente ante esta situación de grave crisis ecológica?

…  La tecnología da al hombre actual esa posibilidad de acumular cada vez más bienes materiales. Los pueblos indígenas, al contrario, no acumulan bienes, sino relaciones sociales, relaciones con las personas y con el todo: no acumulan bienes materiales. Los pueblos indígenas nos enseñan que son mucho más importantes las relaciones humanas, las relaciones comunitarias.

 

Este paradigma tecnocrático del que usted habla se cierne como una gran amenaza para nuestro planeta…

Sí, y es así porque este paradigma no acepta una ecología integral, no acepta que somos hijos de esta tierra. Se vive como si el ser humano hubiera venido aquí y hubiese encontrado un tesoro para explotar de todas las formas posibles. No: nosotros somos hijos de esta tierra, y el daño que hacemos a la tierra termina perjudicándonos a nosotros mismos.

 

La Biblia dice que Dios formó al hombre del barro de la tierra…

Y esto nos indica que nacemos de la tierra. Por eso ella es la madre tierra, somos hijos de la tierra, nacemos aquí, no venimos de fuera. Nuestro cuerpo está hecho de las cosas de la tierra. Dios insufló el espíritu en ese cuerpo que viene de la tierra, el espíritu de la vida. Nosotros venimos de la tierra, somos, por tanto, hermanos de todas las criaturas. Y el papa dice también que los hombres, teniendo inteligencia y libre albedrío, tenemos un deber muy especial de cuidar la tierra, porque Dios nos dio inteligencia y la capacidad de amar, de cuidar, de administrar bien esta tierra que nos da el sustento. Pero no podemos obtener ese sustento a costa de los otros seres creados y de los demás hermanos y hermanas. Todo está interconectado.

 

¿Tiene fundamento teológico la ecología integral? ¿Hay una visión teológica que usted haya madurado?

…  Jesucristo resucitado es la cumbre hacia la cual todo camina y es el modelo que da una primera revelación de cómo será ese camino por el que estamos caminando. La humanidad no anda en círculos, como sin norte, sin sentido. Debemos caminar. Hay un futuro real. Jesucristo resucitado es el gran punto trascendente hacia el que caminamos. Entonces, la ecología integral es todo eso junto.