¿Cómo construir una parroquia viva?

 

A quien corresponda la responsabilidad: sacerdotes, equipo de laicos, Comunidad parroquial... 

 

Hay parroquias que transmiten al Maestro y parroquias que son un simple centro de servicios religiosos; hay parroquias vivas que dejan huella en quienes entran en contacto con ellas y parroquias mediocres de las que sales vacío.

 

¿Nos permites dejar cinco simples orientaciones pastorales para construir una parroquia viva? Si las ponéis en práctica, en dos años habrá cambiado la imagen habitual en muchas parroquias y prestaréis un gran servicio al proyecto de Jesús de Nazaret.  ¡Garantía de éxito!

 

 

1. Cuidar las eucaristías

 

¿Qué es a lo que habitualmente se acerca la gente a una parroquia? ¡A misa! ¿Qué es lo primero con lo que una persona se encuentra cuando llega a una parroquia? ¡Con la misa! Por tanto, la eucaristía, la misa, es lo primero que hay que cuidar, para dar una imagen nueva de la parroquia y así permitir que aquellos que se acerquen a ella se encuentren con algo nuevo, no con lo de siempre. La imagen es muy importante para la evangelización, es la puerta de entrada para acceder a Jesús.

 

  • Cuidar las eucaristías quiere decir: Prepararlas bien. Que cada eucaristía tenga su personalidad. No puede ser la de este domingo igual que la del anterior. Hay que ser creativos, introducir nuevas oraciones, nuevos credos, nuevos cantos, cantos que se escuchan en momentos de silencio, fórmulas de participación...
  • Un power point ayuda mucho a la participación en la eucaristía. Ofrecemos los nuestros con nuestras moniciones para cada domingo. Aquí
  • Que los laicos participen: cantores, monitores, personas que dan la comunión... Evitar que sean personas de edad avanzada o que no lean bien. Introducir jóvenes.
  • Cuidar la homilía: Ocho minutos o nueve de duración, bien preparada y experiencial. ¡Nada de disquisiciones teológicas! Decir lo que se vive. Transmitir para la gente más sencilla.
  • Que todos los elementos de la celebracion estén en buenas condiciones: libros, cáliz, corporales... Y el templo impecable.

  

2. Fomentar la participación de la gente

 

  • Hay que ir ganando en la integración activa de la gente: catequistas, monitores, gente en grupos de jóvenes o adultos. Si hoy hay veinte personas participando en la vida de la Comunidad, la semana próxima tiene que ser dos más, y a la siguiente otros dos. ¡Hay que ingeniárselas! ¡No cejar! Con constancia se logran las metas propuestas y más difíciles.
  • Integrar a jóvenes en la parroquia. Si no se logra hoy, con dedicación y esfuerzo se logrará mañana. Jesús de Nazaret interesa también a los jóvenes. ¡Insistid!
  • Fomentar la participación de la feligresía en el sustento económico de la parroquia. ¡Insistid! Ya sabéis cuál es la meta: mañana dos más que hoy.
  • ¡Muy importante! Los educadores de  la fe -catequistas, monitores, responsables de los grupos de adultos- tienen que ser todos creyentes explícitos, que participen habitualmente en la eucaristía. No hemos de surtirnos de gente con una simple buena voluntad. Es una tentación en la que se cae con mucha frecuencia. ¿Se entiende que los catequistas o monitores, educadores de la fe, no participen en la eucaristía habitualmente? ¡No caigamos en tal trampa por tener gente!

 

 3. Cuidar la formación de los acuden a la parroquia. ¡Permanente actualización de la fe!

 

  • Hay que alimentar a la gente, sobre todo en estos momentos en que muchas cosas están cambiando y se necesita una actualización en la fe. Hay que ofrecer formación: charlas, cursos, retiros, encuentros... Hay que actualizar a la feligresía permanentemente. Y transmitir una formación básicamente cristológica. ¡Somos discípulos de Jesús, no seguidores de doctrinas, santos o fundadores!
  • Nuestros catequistas, nuestros monitores... tienen que estar permanentemente formándose.
  • Regala libros de lectura asequible. 
  • La  Diócesis, las parroquias del entorno ofrecen medios de formacion... ¡Invitar a asistir a unos y otros!

 

 4. Cuidar la acogida. Dedicar tiempo a los más débiles.

 

  • Hay que acoger a la gente, escucharla, prestar atención a sus problemas, tratar de solucionar las dificultades que nos presentan.
  • Hay sacerdotes muy estrictos que no ceden un solo milímetro en sus criterios organizativos. Ni siquiera escuchan: ya saben siempre los que tienen qué hacer y decir: lo que han programado y cómo lo han programado. ¡Ser abierto mentalmente y responder a las demandas de la gente, no a nuestras programas!
  • La gente más humilde, los menos preparados, los más débiles deben ocupar un espacio privilegiado en nuestro trabajo pastoral. Organizar, incluso, actividades especificas para ellos: banco de alimentos, clases para los niños con dificultades, oferta de empleos, escucha paciente...

 

5. Construir una parroquia viva supone trabajo,  dedicación y entusiasmo.

 

  • Formar una parroquia viva supone dedicación, esfuerzo, trabajo, iniciativas, ser osado, ensayar y reensayar, programar, rezar...  Nada crece de manera espontánea. Al éxito siempre se llega por el trabajo.
  • Algunos dicen que estamos llamados a sembrar. Otros creemos que estamos llamados sembrar y a recoger, que para eso sembramos.