Artículos sobre Tierra Santa (2)

ÍNDICE DE ARTÍCULOS

  • Jesús contempló el valle del Cedrón con su cementerio y mausoleos actuales.
  • Los judíos ortodoxos o haredim.
  • Masada, el último rincón de la resistencia judía contra los romanos.

La última semana en la vida de Jesús

Según los estudiosos de los evangelios, parece ser que el evangelista Marcos es el que con más veracidad histórica refleja y describe la cronología de la  última semana  de Jesús, pasada íntegramente en Jerusalén, y que terminó en la cruz.

 

Así se concretaría:

 

Jesús, parece ser, llegó a Jerusalén, a pie, desde Cafarnaún, juntamente con sus discípulos y discípulas, bordeando el río Jordán, aproximadamente ciento veinte kilómetros. Ascendería a Jerusalén desde Jericó el sábado y, desde aquí, se dirigiría a Betania, donde pernoctó en casa de sus amigos, Lázaro Marta y María.

 

El domingo subió desde Betania a Betfagué, barrio situado en lo alto del Monte de los Olivos,  y desde allí inició su marcha hacia el Templo, sentado en una borriquilla, en contraposición a los grandes mandatarios romanos que entraban a caballo. Sus discípulos y los que le veían pasar le aclamaban: “¡Hosanna! ¡Hosanna!”.

Probablemente entró al Templo por la Puerta Dorada o de la Misericordia, cerrada desde 1541 por orden del emperador otomano, Solimán el Magnífico, para evitar que el Mesías  entrara a la ciudad a través de ella. Según la tradición judía, el Mesías, en su venida utilizaría  dicha puerta para entrar en la ciudad,  precedido del profeta Elías.

 

El lunes, martes y miércoles, desde el Monte de los Olivos o desde Betania donde probablemente pasó la noche, iría al Templo  con sus discípulos a anunciar su mensaje. En el evangelio de Marcos se nos narran muchos de los relatos y hechos que tuvieron lugar en estos días en el entorno de Templo.

 

El jueves, al atardecer, después de un día ajetreado, salió, según el evangelista, hacia del Monte de los Olivos con sus discípulos y  se dirigió por el Valle del Cedrón al el segundo piso de una casa ubicada en el Monte Sión y celebró la Ultima Cena.

 

Posteriormente, al anochecer, fue de nuevo con sus discípulos a la cueva de Getsemaní, en el Monte de los Olivos, donde lo prendieron y fue conducidop por el camino del Valle del Cedrón al palacio de Caifás, presumiblemente ubicado en la llamada iglesia de San Pedro de Galicantu. 

Tras permanecer una noche en las cárceles del Sumo Pontífice del Sanedrín, fue trasladado al palacio de Herodes, donde según Flavio Josefo siempre se alojaba el prefecto romano, en este momento Pilato, que se acercaba todas las Pascuas desde Cesarea del Mar hasta Jerusalén para evitar disturbios.

 

Desde el palacio de Herodes, tras ser torturado, puntualiza Lucas,  Pilato lo envió a donde Herodes Antipas,  alojado en la Torre Antonia, quien se lo devolvió a Pilato para que lo juzgara y condenara.

Desde el  Palacio de Pilato fue llevado al Gólgota, donde fue crucificado.

 

Se cree que el camino recorrido por Jesús a la cruz iría, normalmente, desde el Palacio de Herodes, por la calle de David, hasta lo que hoy es la Basílica del Santo Sepulcro. El recorrido del actual vía crucis fue trazado por los franciscanos en siglo XI como devoción para sintonizar mejor y durante más tiempo con los sentimientos de Jesús en el camino hacia su muerte. No correspondería a la verdad histórica.

 

Al atardecer del viernes fue retirado de la cruz y José de Arimatea pidió su cuerpo a Pilato y lo enterró en un sepulcro de su propiedad próximo al lugar de la crucifixión. 


Jesús contempló el valle del Cedrón con su cementerio y mausoleos actuales

 

Cruzando la Puerta de San Esteban, también llamada Puerta de los Leones, bajamos al Valle del Cedrón, justo en frente del Monte de los Olivos, de la Iglesia de las Naciones y del Huerto de Getsemaní. Por aquí pasaba Jesús muy a menudo para llegar al Monte de los Olivos y para dirigirse a Betania. Fue uno de los paisajes que más contempló en la última semana de su vida. Por aquí salió para celebrar la Ultima Cena; a unos metros de él  fue prendido; éste fue el camino que recorrió cuando, ya detenido, se le llevó ante Caifás para ser juzgado.

 

Juan, el evangelista y apóstol, no olvidó el nombre de este valle. Le traía muchos recuerdos gozosos e ingratos. Juntos con el Maestro lo había cruzado en numerosas ocasiones. Así lo recuerda en su evangelio: “Después de decir estas palabras, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del arroyo del Cedrón, donde había un jardín (el Huerto de los Olivos). Allí entraron El y sus discípulos (Juan 18,1)

Originariamente  era un valle mucho más profundo del que hoy podemos contemplar, y el río Cedrón vertía  sus aguas sobre él.

 

Los judíos suelen llamarlo el Valle de Josafat, el lugar donde ellos consideran que tendrá  lugar el Juicio Final y donde llegará el final de los tiempos. “Reuniré a todas las naciones y los haré descender al Valle de Josafat.  Aquí entraré en juicio con ellos a cerca de mi pueblo Israel, mi heredad. (Joel, 3,2). No es extraño que Cedrón, Kidrón, en hebreo signifique “oscuridad”, “sombra”.

 

En este lugar, muy especial para los judíos por su sentido, han tenido lugar desde la antigüedad enterramientos mirando al templo de Jerusalén. Y por ello se encuentra aquí el cementerio judío por excelencia con multitud de blancas y cuidadas tumbas.

 

Testimonio de la tradición judía de enterrar en este lugar son, por otra parte, los grades mausoleos que se encuentran diseminados por todo el Valle del Cedrón y que datan la casi totalidad de ellos de  siglos antes de la era actual. Sobresalen por su monumentalidad y grandeza de las tumbas de Absalón y  de los Hijos de Hazir, la tumba de Zacarías y la tumba de la Hija del Faraón, el monumento  funerario más antiguo de todos ellos.

 

Puesto que en tiempos de Jesús el lugar ya era  un blanco y pulcro cementerio y  los grandes monumentos funerarios señalados ya estaban en  el valle del Cedrón, tenemos la certeza de que  Jesús los contempló y hasta con gran probabilidad le inspiraron su sentencia: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque sois como sepulcros blanqueados! Por fuera se ven hermosos, pero dentro están llenos de huesos de muertos y putrefacción” (Mateo 23, 27).


Los judíos ultraortodoxos o haredim

 ¿Quiénes son los judíos ultraortodoxos? ¿Qué piensan? ¿Cómo viven?

 

Los vemos a los pies del Muro de  las Lamentaciones o cuando nos cruzamos con ellos por las calles de Jerusalén. Se les reconoce por sus tirabuzones de pelo rizado, sus sombreros negros y sus peculiares trajes de seda negra o blancos  con finas rayas.  A las mujeres  se las distingue por sus austeras  faldas que caen por  debajo de sus rodillas, por su cabello cubierto y, a menudo, con el pelo rapado que cubren con variadas pelucas.

 

Dejamos algunos retazos  que nos ayuden a saber que hay detrás de estos hombres y mujeres que  constituyen ya el 8% de la sociedad israelí y más de 25 en la población de Jerusalén.

 

Son los llamados haredim -temerosos  de Dios- que se consideran a sí mismos como los guardianes de las esencias de la Torá, el Pentateuco, y el Talmud, las enseñanzas dejadas por rabinos a través de los tiempos. Todos los que no son haredim, incluidos los judíos  más observantes, son goyim, es decir paganos, de los cuales hay que protegerse. Tienen 613 preceptos nacidos  de la Torá.

 

Diferencia entre los grupos

A pesar de su aparente homogeneidad, son grupos muy divididos. En un principio la división es fundamentalmente geográfica: Askenasis, procedentes de centro Europa, y sefardíes, procedentes de países de habla castellana o del Norte de África y Turquía, hacia donde fueron los judíos españoles expulsados por los Reyes Católicos;  y de idioma: yidish para los askenasis y ladino para los sefardíes, si bien ambos grupos conocen y dominan el hebreo.

 

Hoy en día la ultra-ortodoxia askenasi está también dividida no tanto doctrinalmente cuanto en prácticas. Dos divisiones son las más comunes: hasidim y  litaim. Los hasidim es un movimiento más místico, dentro de los haridím y con una organización muy jerárquica. Estos llevan tirabuzones más largos. Los “litaim” son originarios de Lituania y están organizados en pequeños grupos o comunidades, reunidos en torno a su yeshivá o centro de estudio sobre la Torá. Los tirabuzones más cortos y barbas bien cortadas son prerrogativa de los “litaim” o “sefardíes”

 

Hay, también, entre los tres grupos, diferencias en razón del mayor o menor rigor en la aplicación de las reglas. La vida de los tres grupos está codificada al milímetro por las autoridades rabínicas dfe cada uno.

 

Entre los haridim los sexos están estrictamente separados. En el autobús o en la calle  hombres y mujeres están separados, incluso si son matrimonio. Algunos grupos piden a sus mujeres casadas que se afeiten la cabeza, ya que suscitan el deseo. Se ven muchas mujeres con pelucas.

 

La vida en el gueto

La yeshivá, a la  que solo asisten los hombres, es el centro de la vida de la comunidad haredí, de pequeños y mayores.  Dos de cada tres hombres dedican su tiempo exclusivamente al estudio  de la Torá y del Tamud.  El Estado los mantiene, con el gran problema que ello supone para la economía.  Esto, a la vez,  supone una regresión cultural en los niños, en los jóvenes y en los adultos ya que en la yeshiva  solo se estudia la Torá y el Talmud, nada de matemáticas, geografía, ciencias, lenguas.

 

Esta guetización cultural se ve reforzada por la prohibición de los teléfonos móviles, televisores y otros objetos de comunicación e información. Sólo los periódicos propios y los afiches en las  paredes de sus barrios les están permitidos.

 

Existe un verdadero deseo de erigir muros para no mezclarse con la cultura circuidamente. De hecho, viven en barrios separados como Mea Shearim o Geula.  Tampoco aceptan hacer el servicio militar; ello les distraería de sus estudios.  

 

La mitad de la comunidad ultraortodoxa vive por debajo del umbral de la pobreza, debido a su forma de vida: las ayudas del Estado son pequeñas, cada vez más reducidas; los que trabajan lo hacen en empleos mal remunerados, dada su escasa cualificación; y las mujeres, que en su mayoría trabajan para permitir que su maridos estudien, no pueden hacerlo durante muchas horas, dadop el alto número de hijos a cuidar.

 

Una estilo de vida asfixiante

En el mundo haredim todo está codificado y se excluye todo cuestionamiento. Sin embargo, están surgiendo grupos que llevan una doble vida. En su barrio son como sus vecinos, nada los distingue, pero cuando salen, se cambian de ropa, se guardan la kipa en el bolsillo y tienen un móvil smartphone clandestino. No aceptan el tipo de vida que se les impone. ¿De cuantas personas se habla? ¡De miles! Se les llama “marranos”, el nombre que se les dio en la Península Ibérica a aquellos que tenían en casa  productos derivados del cerdo, para aparentar ser cristianos, pero que luego mantenían en la clandestinidad la fe judía.

 

Algunos, incluso, desertan oficialmente, con los graves problemas que ello conlleva. Dejar el mundo haredim es romper con la familia. Hay familias que  hasta celebran un funeral formal cuando alguuien, habitualmente jóvenes,  abandona el grupo.

 

Por otra parte, la apertura está llegando a los grupos haredim  por aquellos que, poco a poco, van entrando al mercado laboral. Se calcula que un tercio de ellos ha empezado a trabajar. Más, hay  mujeres que están empezando a estudiar materias seculares para obtener un trabajo que les permita a sus familias vivir más holgadamente, mientras sus maridos estudian. 



Masada, el último rincón de la resistencia judía contra los romanos

 

Masada es  una montaña aislada en la región oriental del desierto de Judea, próxima al Mar Muerto. Es conocida por su destacada importancia en los compases finales de la primera guerra judeo-romana, también conocida como la Primera Revuelta Judía, El asedio a la fortaleza por parte de las tropas del Imperio romano, en el año 73 d. C., condujo a sus defensores a realizar un suicidio colectivo, tras advertir que la derrota era ya inminente.

 

Herodes, el Grande

Si bien hay evidencias de poblaciones desde el siglo IV a. de C. y sobre todo en la época de los asmoneos, la importancia de Masada estriba en tres momentos importantes que se pueden descubrir en la visita del lugar: Palacio de Herodes, fortaleza de los rebeldes judíos y monasterio de monjes bizantinos.

 

Tras la conquista romana de Judea por Pompeyo, Herodes, el Grande, utilizó la fortaleza de Masada para albergar a su madre Cypros, su prometida Mariamne  y su hermana Salomé,  durante la invasión parta del año de Judea en el año 40 a. C. 

Posteriormente Herodes decidió fortificar Masada como posible refugio frente a su propio pueblo, ya que la mayoría de los judíos le detestaban por su origen idumeo, por restablecer el dominio romano y por eliminar a los últimos asmoneos. También le serviría como lugar de descanso personal y para albergar visitas de otros dignatarios que pudieran disfrutar con las impresionantes vistas del desierto de Judea, del oasis de Ein Guedi, del Mar Muerto y de las montañas de Moab.

 

La primera guerra judeo-romana

Setenta años después de la muerte de Herodes, en el año 66 d. C., dio comienzo la primera guerra judeo-romana. Flavio Josefo narra los acontecimientos en su obra La guerra de los judíos.

Según Josefo, los zelotes, "celosos de Dios", fueron el grupo principal que llevó el peso de la sublevación para liberar la provincia de Judea de la dominación romana. Otro de los grupos que también se sublevó fue el de los sicarios, rivales no obstante de los zelotes.

En el año de la rebelión, un grupo de rebeldes judíos degolló a la guarnición romana que se había apostado en la fortaleza para dominar la zona y se apropiaron de Masada.

 

Los celotes y sicarios encontraron en la fortaleza  un importante un arsenal de armas y municiones, así como numerosos y grandes almacenes bien surtidos de trigo, leguminosas, aceite, dátiles y, vino, bien conservados gracias al ambiente árido del desierto. Encontraron igualmente canales excavados en la roca que capturaban y conducían el agua de lluvia a las cisternas subterráneas. Habían sido construidos por Herodes y ampliados para los romanos. La fortaleza estaba por tanto preparada para resistir un sitio prolongado.

 

El asedio de Masada

Tras el asedio y destrucción de Jerusalén por Tito en el año 70,  sólo subsistían tres fortalezas desafiantes al poder romano: Herodión, Maqueronte y la propia Masada, que habían acogido a refugiados de Jerusalén. Pronto cayeron  Maquerone y El Herodion.  Restaba Masada,  desde la cual los rebeldes lanzaron numerosos asaltos contra unidades romanas y aldeas judías durante los dos años siguientes.

El gobernador romano de Judea, Lucio Flavio Silva, marchó hacia la fortaleza dispuesto a asediarla con un ejército compuesto por una legión romana y cuatro cohortes auxiliares.

Para albergar estas tropas dispuso la creación de ocho campamentos que rodearan la fortaleza y que acogían un contingente de 9.000 hombres, a los que había que sumar prisioneros judíos esclavizados. También se erigió una muralla que rodeaba la fortaleza, fundamental para el éxito del asedio.

 

Respecto a los accesos, sólo existían dos senderos que ascendían hasta la fortaleza. Uno de ellos, el "Camino de la Serpiente", consistente en un angosto y escarpado sendero que ascendía sinuosamente por el flanco oriental a lo largo de 5, 2 kilómetros, cuya estrechez y acusada pendiente imposibilitaba un asalto sobre Masada. El segundo era otro estrecho camino situado en la ladera occidental y custodiado desde la fortaleza, aunque era menos tortuoso, de forma que Flavio Silva optó por esta vía.

Pero después de numerosos y vanos intentos por abrir una brecha en las murallas de Masada, ordenó construir una rampa que ascendiera hasta su lado occidental, desde un promontorio denominado la Roca Blanca  situado a unos 150 m, por debajo de la cumbre de Masada. La construcción duró varias semanas, tras utilizar miles de toneladas de piedras y tierra apisonada, ubicadas sobre una pendiente de origen natural. Conformó así una de las mayores estructuras de asedio conocidas en época romana. Finalmente la rampa alcanzó unos 196 m. de base y 100 m. de altura, con un 51% de pendiente.

 

Flavio Josefo no registra ninguna acción importante de los zelotes y sicarios para impedir el avance romano, a diferencia de lo ocurrido en otros asedios anteriores contra fortalezas judías como en Maqueronte. La causa, comentan los historiadores, podría ser la progresiva falta de medios de los sicarios para combatir al ejército sitiador romano. También se ha especulado con la posibilidad de que la rampa hubiera sido erigida por los esclavos judíos del ejército romano, por lo cual los resistentes judíos se habrían mostrado reacios a atacar a otros judíos.

 

Tres meses después de haberse iniciado su construcción, y siete meses después de iniciarse el asedio, la rampa fue finalmente finalizada en la primavera del año 73, contando en su cumbre con una plataforma cuadrada de 22 metros de lado, lo que permitió el acceso a la fortaleza.

 

Orden de suicidio

Dentro de Masada, los rebelde judíos eran conscientes de que el asalto final del ejército romano llegaría en cualquier momento. Según el relato de Josefo, el entonces líder de los sicarios, Eleazar ben Yair, reunió la noche anterior a sus hombres, pronunciando un discurso donde les propuso darse muerte ellos mismos para evitar ser hechos prisioneros y vendidos como esclavos. De esta forma, los hombres mataron a sus familias y posteriormente eligieron por suertes a diez de ellos para quitar la vida al resto. Finalmente, entre estos diez eligieron de nuevo a uno que acabó con la vida de los demás, y antes de darse muerte prendió fuego a la fortaleza, excepto a los depósitos de víveres, para así demostrar a sus enemigos que actuaban por resolución, no por desesperación.

 

A la mañana siguiente los legionarios romanos colocaron pasarelas sobre la muralla  e irrumpieron en la fortaleza, preparados para combatir a los rebeldes, mas toparon con un silencio sepulcral y la visión del fuego y de los cuerpos sin vida de sus enemigos. Flavio Josefo señala que murieron todos los defensores, en número de 960, salvo una anciana y una mujer, parienta de Eleazar, que se habían refugiado junto a sus cinco hijos en una de las galerías subterráneas que conducía a las cisternas, y que fueron quienes relataron las últimas palabras que el líder sicario había pronunciado a sus hombres. Impresionados por la resolución de los rebeldes, los romanos perdonaron la vida a los supervivientes.

 

Masada tras la conquista

Con la conquista del último bastión rebelde judío concluyó la primera guerra judeo-romana. Tras la caída de la fortaleza, y pacificado todo el territorio de Judea, Silva replegó las tropas hasta Cesarea del Mar, dejando estacionada una unidad auxiliar en la meseta de Masada. Este acantonamiento se mantuvo  hasta principios del siglo II.

 

Después de su abandono, Masada permaneció deshabitada hasta principios del siglo V, cuando fue visitada por San Eutimio y su discípulo Domiciano, quienes erigieron en su cumbre una capilla que sería más tarde el núcleo de un pequeño monasterio de monjes ermitaños que vivían diseminados por la fortaleza y se reunían los domingos para comer y rezar juntos. La conquista árabe supuso el fin de esta comunidad y el abandono definitivo de Masada a mediados del siglo VII.

 

Lugares a visitar

Al lugar se accede por un teleférico. Conviene no perderse en la visita los palacios de Herodes, los  almacenes de armas y de alimentos, los casa de baños de Herodes, las cisternas del agua, los columbarios o criaderos de palomas, alimento básico de carne no impura para los judíos, la rampa de penetración del ejercito romano, la  sinagoga, la iglesia de los monjes bizantinos, ls residencias de los zelotes y sicarios…